Hué: estudiantes, palacios y tumbas

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Hué no es una ciudad bonita, pero contiene otra dentro de sí, y ésta es una antigua ciudad imperial que iba a visitar al día siguiente de mi llegada.
Aquella tarde la utilicé simplemente para darme un paseíto, de tranquis. Blair me dijo que se había encontrado a un barquero de los que te llevan a dar un garbeo río abajo que le decía que quería practicar inglés con él y que le iba a llevar de paseo (¿queréis saber el final de la historia? No le llevó a ningún sitio pero Blair acabó pagando la comida de toda su familia, y le dijo que se vieran al día siguiente para que cocinasen para él en su casa, pero Blair estaba seguro de que le iban a llevar a un restaurante y hacerle pagar de nuevo, así que no fue).
Poco sabía yo en aquel momento que media hora después, en el mismo paseo junto al río se me iba a acercar un grupo de estudiantes universitarios a decirme: “¿Podemos por favor hablar un rato contigo en inglés?”. ¡Pues por supuesto que sí! Seguir leyendo

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Hoi An (2): linternas y primeros clientes

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Mis días en Hoi An fueron tranquilos porque estuve enferma, así que decidí quedarme un poco más de tiempo y tomármelo con calma. Al día siguiente ya no tenía fiebre pero estaba con la cabeza embotada y, a pesar de haberme alquilado una bici, no pasé de las cuatro calles aldeañas y de pronto me encontré con Emil y su amigo, lo cual fue muy conveniente para sentarse a tomar un café. Blair me llamó y se unió. Lo que yo decía: como si tuviera amigos de toda la vida, en Hoi An.
Las otras cosas que vi de aquel lugar fueron: la playa y por fin conseguí darme una vuelta en bici por los alrededores, el campo, otras penínsulas que rodean la ciudad. A pesar de estar en aquel lugar plagado de turistas, me sentía muy tranquila, juntándome con Blair, comiendo en el mercado, y regateando la compra de la típica lámpara. Seguir leyendo

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De mi llegada a Hoi An

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Los autobuses de Vietnam que llaman “sleepers” son cómodos para viajar por el día, si es que te entran las piernas en el cubículo. Olvídate de mover los pies, eso sí. Pero pretender dormir en ellos es una pesadilla que viví durante 10 horas camino de Hoi An. Aquel bus nocturno terminaba en la gran ciudad más cercana: Danang. Después de esa noche de duermevela, me di cuenta de que llevábamos mucho tiempo parados y ya amanecía, y de que no había más que dos personas en el autobús, roncando. Resultado: no me habían avisado y allí seguía, porque pensaban que quería ir a Hoi An y esperar en el autobús unas horitas, durmiendo. Así que me sacudí y salí de allí como una zombi porque quería echarle un vistazo a Danang antes, ya que estaba.
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Las minorías étnicas de Kontum

847D312C-2505-4795-8826-37863A3434E7¿Y cómo subo yo ahora al norte del país, desde Dalat? No yendo en moto, deseché todas las paradas intermedias de las Central Highlands, así como ir al típico destino de costa, Nha Trang, que debe ser el lugar de fiesta y guiris por antonomasia. Así que decidí que iba a hacer un poco de playa y un poco de Central Highlands para quedarme a gusto. Tiré hacia Quy Nhonh, que es un lugar cero turístico pero con una enorme playa a lo largo de toda la ciudad.

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Dalat y la hez de comadreja que te deja K’Ho

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Llegué a Dalat estando ya oscuro. Y no empecé con buen pie: cuando cogí un taxi, vi que no estaba yendo precisamente por la ruta más derecha a mi hostal. Decírselo supuso un cisma, ya que no hablaba inglés y creo que tampoco se apañaba muy bien con el mapa online que yo le señalaba, insistente. Llegó hasta tal punto la barrera comunicativa, que acabó con mi paciencia y me bajé del coche, dispuesta a discutir otro precio pero con mis cosas en la calle. Y él, enfadadísimo, llamó a alguien por teléfono al que yo le dije que no iba a pagar por andar bordeando la ciudad. Si esto hubiera sucedido donde tuviésemos un lugar común de entendimiento, le habría pagado menos y santas pascuas. Pero aquí acabó derrotado de malas maneras, tristemente, y no le pagué un céntimo. De todas formas, me había acercado al centro de la ciudad, así que esta vez un mototaxi sí que acudió a mi llamada con la aplicación de “Grab” (la recomiendo encarecidamente) y me subió al hostel por muy poco dinero.
Y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme allí a mis conocidos de Cat Tien, ¡el neozelandés Blair con el alicantino!, hospedados y compartiendo súbitamente la cena conmigo. Mira que hay alojamientos en la ciudad para haber acabado en el mismo sitio… Seguir leyendo

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Cat Tien y sus bichos varios

300BF500-928A-46FC-B7CB-698592107827Parecía imposible llegar al parque nacional de Cat Tien. Nadie sabía a ciencia cierta cómo, ¡oh, grandes misterios de la geografía! Desde Saigón decían que el bus podía dejarme en una intersección a 40 minutos del pueblo, y de ahí que me llevase un propio. Y yo pensaba si es que estaba ahí todos los motoristas-taxistas esperando en una encrucijada como agua de mayo la llegada de los turistas en la noche… no quise descubrirlo. Desde Mui Ne no había manera, así que seguí subiendo (lo cachondo del asunto es que sólo te enteras de los buses que hay cuando estás en el sitio), y desde Dalat parece ser que tenías la misma opción del bus de Saigón o… dar más vueltas que un tonto en un garaje con un autobús local, pero que te dejasen en la mismita entrada del parque. Así que eso hice: subir a Dalat para coger ese bus y volver a bajar en el mapa y perder prácticamente un día de viaje. Después de un corto paseo del que ya os hablaré, me monté en dicho autobús. ¡Adivinad qué había dentro! Efectivamente: alemanes. Mi destino era hacerme amiga de dos chicas de Bonn que me sirvieron de gran compañía durante los días que pasé en aquel lugar. Seguir leyendo

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Mui Ne: cómo llegar a la playa sin morir en el intento

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Fue un perrito callejero el primer ser con quien hablé en Mui Ne. Según me bajé del autobús, vino a saludarme. No sé si era un semi cachorro, porque era chiquitito. Me miraba hacia arriba, a la cara, muy interesado, girando la cabeza, como interrogándome de dónde venía y quién era. Luego olisqueaba mi ukelele y me volvía a mirar. Le dije que aquello era un instrumento musical y que yo estaba encantada de conocer a tan monísimo comité de bienvenida, pero que tenía que irme a dormir al hotel. Seguir leyendo

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De Ho Chi Minh y sus laberintos

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Ho Chi Minh lo voy a recordar por una cosa: los callejones.
Esta ciudad de 8 millones de habitantes me recordó en algo a Bangkok por su caos y por la calle de Ban Vien, que es una copia de Kao Shan road: hablando en plata: una puta locura.

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El delta del Mekong

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El delta del Mekong puede visitarse de diversas maneras, siendo muy común hacerlo en tour organizado desde Ho Chi Minh, a lo borrego, con turistas. Supongo que el precio invita a hacerlo, y también la facilidad. Te llevan a los mercados flotantes de los que ya os hablé y supongo que a otros lugares de interés. Pero no, los alemanes y yo estábamos en un autobús local, sudando a raudales mientras recogíamos a gente en medio de la nada, que subía y bajaba del autobús. Y así es como me gusta.
El trayecto hacia Ben Tre era muy bonito, porque pasamos por un montón de ríos que eran uno y trino, vamos, el Mekong todo el rato, desembocando por doquier. Seguir leyendo

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Cruzando a Vietnam: Can Thou, la hermana despertador, la joyera despistada, los mercados flotantes y el joker.

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Pasar la frontera a Vietnam: ese momento mágico en el que no sabes qué va a pasar a continuación. Esos minibuses que cambias un par de veces, ese conductor jovenzuelo que recolecta todos los pasaportes, esa cola para firmar un papelito amarillo que da fe de que no estás enfermo (que tú sepas), ese esperar a un nuevo minibus en el bar nada más pasar la frontera, hacia la estación de autobuses donde esperas otra horita a tu nuevo autobús, el de verdad. Desde Kep te vendían la odisea como un bus directo de 7 horas, pero nada más lejos de la realidad así que, sin duda alguna, recomiendo cruzar las fronteras de día, porque nunca sabes cuántos transbordos vas a tener que comerte en realidad. Las fronteras cierran por la noche, y no olvidemos que esos días era “Tet”, la fiesta nacional de año nuevo chinorris, donde todo cierra o se encarece.
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