El Rastro: por mirar, no cobro

IMG_20160424_095818~2

Foto de Mandarinaparlante

– ¿Has “desayunao” ya?
– ¡7 veces! Bueno… una… pero larga…

Y muy madrugadora, porque esta fue la contestación de una de las gitanas que te encuentras en el Rastro, al otro lado del puesto de cualquier objeto inverosímil, manejando el timón.

Sí, aunque no lo crea ni yo misma, hace 6 meses que no escribo en este blog, y curiosamente, también lo hice sobre el Rastro. Y es que, como de costumbre, en mi última visita a Madrid, no podía faltar el matutino paseo con mi padre por uno de nuestros tradicionales lugares comunes. Esta vez fue diferente, porque estuve con él durante todo su recorrido usual, no me separé de él como suelo hacer siempre. Quizá para disfrutar un poquito más de su presencia, que no tengo todos los días.

Pasamos a saludar a sus sospechosos habituales, mientras un hombre de pelo rizado le preguntaba a otro que comandaba un puesto de libros:

– ¿Cómo vas con el de la Independencia?
– Uy, ése ya lo vendí. ¡70 euros me daban por él!
– ¿En serio? ¡Pero si yo te daba 100! ¡No me jodas, hombre! – la cara de decepción era brutal.

A veces, todos pierden en una misma jugada…

Mi padre me señaló a un gitano gordo, sentado en una silla del Campillo.

– Ése que ves ahí, el otro día estaba con sus padres montando el puesto y la madre le pidió ayuda al padre, que estaba sentado, así como él, espatarrado en una silla. El hombre ni se inmutó, dijo que no iba a ayudar “porque no me da la gana”, y el hijo intervino, con ese acento tan suyo que tienen los gitanos: “¡Ole los cojones de mi paaaapa!

IMG_20160424_100255~2

Foto de Mandarinaparlante

Cojones tiene la cosa, sí señores, o penes, porque también nos acercamos a mirar relojes de bolsillo que marcan la hora con un pene, o con alguna escena erótica en movimiento. Para que no decaiga.

O, para los más atrevidos, también venden percutores de cuerdas de piano, para que uno se monte su propio piano. Los vende “El Rey del Rastro”, que clama ocuparse de todos nuestros objetos innecesarios, salidos de trasteros e, incluso, deshaucios (muy a la orden del día).

Foto de Mandarinaparlante

Foto de Mandarinaparlante

Pasamos a otro de los puestos de libros, donde mi padre me hizo observar a su dueña, una señora con gafas caídas “que parece que se ha leído todo lo que tiene, pero que no te engañe…” sentada a la sombra de su pequeño toldo, protegiéndose de un calor achicharrante, ya a estas horas de la mañana. Quizá estaría bien que por ahí arriba hicieran caso a otros sujetos que iban comentando:

– Vamos a atraer la lluvia, ¡a ver si se van todos los corruptos de este país! Que, aunque abriésemos la veda de caza, no conseguiríamos cargarnos a todos.

Violencia no, pero si la lluvia pudiera limpiar toda la suciedad que nos envuelve, ¡qué bello sería! Bello como el canto de otro de los gitanos:

– ¡Poneros guapas, poneros con collar que, la que no vaya con collar…!

Creo que yo no iba con collar, ni guapa ese día, así que estoy esperando las consecuencias. Pero a quién le importa cuando puedo comprar bragas de marca, como anunciaba otra gitana. De qué marca, eso ya no sabemos, pero está muy bien saber:

– Que por mirar no cobro, y la que no se lo crea, ¡que venga y lo vea!

Foto de Mandarinaparlante

Foto de Mandarinaparlante

Después de saludar a un familiar lejano de Tarancón, otro señor con puesto, hicimos algo inusual en nuestro itinerario: paramos a comernos un pincho de tortilla y un vermú en uno de los bares del barrio. Sin cebolla, como le gusta a mi padre. En el bar había varios extranjeros, y yo pensé que deberían de estar flipando porque fuera de aquí no existen este tipo de bares típicamente españoles con su mostrador de cristal protegiendo las tapas, sus palillos, sus jamones colgando, y su griterío de “marchando” y demás consignas hosteleras que ya ni notamos, porque forman parte del ambiente pero que, cuando hace mucho que no las escuchas porque vives fuera, suenan a gloria.

IMG_20160424_115415~2

Foto de Mandarinaparlante

Cuando mi padre se fue, yo terminé mi propio recorrido, el que hago siempre, y aquello ya estaba insoportable de gente. Aunque me pude hacer un hueco en el corro para ver a una banda de músicos que tocaban gipsy-jazz (el Rastro también se está volviendo hipster, quizá) y también conseguí comprar lo que quería, casi haciendo crowdsurfing entre la multitud. Lo último que oí del Rastro al conseguir salir fue un “Dios te ama” de un grupo de gente fervientemente religiosa que había en la Plaza Puerta de Toledo con una bocina. No intenté cuestionarlo. Mi baño de multitudes terminó en aquel momento.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s