En er mundo

Pasodoble

Pasodoble

Adelante-atrás, mano-arriba, mano-abajo, izquierda-derecha… agarraos. Bien agarrao, que es como gusta. El pasodoble. Typical Spanish.

Muchos lo asociarán con los toros, Dios me libre. Aunque también tengo memorias de eso: mis abuelos veían alguna que otra corrida en la televisión. Señora con mantilla y peineta del tendido dos.

Pero, cuando pienso en el pasodoble, rememoro más bien algún despertar de fin de semana en casa, con el CD de la Banda Municipal de Madrid haciéndola a una estamparse los sesos con el techo de la habitación, del susto que le produjo “España cañí” a todo trapo, por ejemplo. También he tenido que escuchar muchos pasodobles en el coche, viajando con mis padres.

Quizá otro recuerdo común sea el de nuestra vida costumbrista de verbena de pueblo, o de boda, agarrando al vecino, lo conozcamos o no, para bailar “Paquito El Chocolatero” con su eterna coreografía, conocida en todo el territorio nacional, que la sabe hasta el más tonto y el menos “enterao”.

Mis padres bailando. Es de lo poco que mi padre se digna a bailar. ¡Quién no dejaría a sus progenitores hacerse los amos de la pista al compás de “Amparito Roca”! Pues se ve que yo, ya que cuentan que, de pequeña, no me hacía ninguna gracia que mis padres bailasen, creo que lloraba, y no porque lo hicieran tan mal…

En general, dudo que la gente de mi edad escuche muchos pasodobles. Más que nada en las mencionadas fiestas de los pueblos y, lamentablemente, este género típico nuestro ha pasado de ser la música más deseada del baile a una tradición más bien graciosa que conservar sólo en las verbenas populares. Bien, pues aunque no sea “hipster” ni “cool”, voy a contar por qué hoy me siento muy “pasodoblesca”.

En er mundo

En er mundo

Mi profesor de acordeón (ruso) me pidió, hace poco, que buscase una canción española que me gustara, para aprenderla a tocar. Ya habíamos pasado por géneros de todo tipo “y tienes que tocar algo que lleves en la sangre”. Lo primero que me vino a la cabeza, quién sabe por qué, fue “En er mundo”. Ese pasodoble. No soy yo una que escucha pasodobles todos los días, como ya he dicho. Pero esa canción significa algo para mí, más ahora que estoy lejos de la Patria. Recuerdo en qué momento me impactó. No cuándo la conocí (probablemente en mi más tierna infancia), sino cuándo se me quedó grabada a fuego. Y fue cuando vi esta escena de la película “El Sur” de Víctor Erice. Tuve que analizar dicha película en la carrera, ya que mi profesor estaba obsesionado con Erice y nos hizo tragarnos varias de sus obras. No estaba yo del todo despierta en aquella clase, pero de repente llegamos a esa escena de la Primera Comunión, donde la niña baila con su padre al compás de lo que toca un acordeonista. Y recuerdo que, en ese momento, sentí la melodía como algo mío. Busqué en los créditos finales el nombre del pasodoble, porque necesitaba saberlo. “En er mundo”. Y no se me olvidó.

Muchos años después, mi profesor me pide algo típico español, y yo le traigo una partitura que he encontrado. Le pongo una versión en el teléfono y le encanta. Y, cuando empiezo a tocarla yo, si en algún momento no soy muy expresiva, me dice “tienes que tocar con fuego, con tu fuego español. Eso lo llevas tú dentro, yo no puedo enseñarte, sólo dirigirte. Pero el espíritu para tocar esto lo tienes tú, y tú sabes mejor que yo cómo se interpreta”. Así que, efectivamente, me propongo representar lo mejor posible el torbellino abrasador español, para no decepcionar figurativamente a mis compatriotas si no me sale bien. Y me doy cuenta de que tocar las cosas de mi tierra me hace sentirme orgullosa del tipo de música temperamental que ha salido de nuestro suelo. De nuestro carácter, nuestra musicalidad y nuestro poderío y salero. Un ruso no puede enseñarme a sacar eso de mí.

No quiero comparar con Albéniz, ni Falla, ni Granados o Turina, ni con otros grandes maestros de la música española, que merecerían artículos aparte. Simplemente quería decir que hoy ha sonado en Alemania el legado de Jesús Fernández y Juan Quintero en un pequeño acordeón. Y estoy escuchando todo el CD de la Banda de Madrid mientras escribo estas letras. Estoy en otra parte del mundo, pero cuando toco su canción se me entremezclan todas las memorias de las que he hablado, y un pedacito de casa se escurre del corazón para salir al exterior por mis dedos, lo cual me hace muy feliz. La sentí como mía cuando la oí desde “El Sur” y, ahora que estoy en el Norte, me doy cuenta de que verdaderamente ahora es mía. Esos tesoros del espíritu los desenterramos cuando más añoramos lo que dejamos atrás.

No me queda sino aprender a bailar flamenco. Y que me enseñase un japonés, aquí, en Alemania.

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3 respuestas a En er mundo

  1. Sorokin dijo:

    Muy bueno, Mändarinchen

  2. cu13578 dijo:

    Sensaciones y sentimientos como los que aquí tan bien se describen coinciden con lo que cantaba Da. Concha Piquer en aquella copla “En tierra extraña” .
    Todo lo cual demuestra que personas con un espíritu completamente abierto, ciudadanos del mundo, no dejan de añorar su terruño, afortunadamente.

  3. Snake dijo:

    En Tarragona, las fiestas de Santa Tecla (patrona de la ciudad) tienen como banda sonora “Amparito Roca”. De hecho, la noche de la “baixada de l’Áliga” no deja de sonar por todo el centro de la ciudad.

    En casa, después de cortar el pelo a las niñas las ponemos “Tres veces guapa”… Debemos estar fatal!

    Un beso, Bea!

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