Singapur

 

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Singapur me pareció otro planeta, en comparación con Vietnam: limpio, reluciente, desarrollado… y caro. Los albergues más roñosos ya te cuestan 20 dólares, y yo necesitaba dormir bien y descansar para variar, así que tuve que pagar bastante más. No me arrepiento, porque lo necesitaba. Los días que estuve allí había veces que no salía del hotel hasta las 12 del mediodía o incluso las 2, intentando recobrar fuerzas.

Lo que más me gustó de Singapur fue la mezcla de culturas que tiene. Hay gente de todas partes: malasios, indios, chinos, singapurianos… y un montón de “expats” (todos con pinta de pijos niños bien de gimnasio). Y va por barrios. Hay que saber un poco la historia del país, de sus comerciantes, para poder entender toda esta apariencia y mezcolanza. Uno puede pasearse por Little India y comerse un buen biryani, o dejarse caer por Chinatown y entrar, por ejemplo, en el templo de reliquias del diente de Buda. Seguir leyendo

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Hanoi: cultura y personajes

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Y de nuevo en Hanoi. Dije anteriormente que iba a hablar de las varias veces que pisé la ciudad en un solo post: ¡hélo aquí!. Ésta será mi última entrada sobre Vietnam.

Hanoi es una ciudad caótica. Pero no tanto como Ho Chi Minh. Al menos, Hanoi tiene su encanto. A mí me gustó bastante. La primera vez me quedé allí un par de días. Vivía en una casa de huéspedes escondida en un callejón, donde me encontraba muy a gusto, como en mi barrio. ¡Me relajé allí! Incluso había una guitarra.  Seguir leyendo

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Mai Chau (2) y el trekking a Pu Long

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Hoi, la dueña del guesthouse, llamó a la puerta de mi habitación: “Ya es la hora de cenar, puedes bajar”. Me había invitado muy amablemente a unirme a su festividad familiar. Cuando llegué a la sala, ya estaban allí todos (¿unas cincuenta personas?) empezando a cenar, sentados en el suelo, en corrillos separados según su sexo, alrededor de los platillos que compartían entre todos. Me sorprendió que realmente se dividieran entre hombres y mujeres. La carne era fuerte y con gordo. Todos cogían los platos, se servían, se los pasaban. Y yo miraba alrededor, junto a Hoi, la única con la que podía medio hablar (aparte de tener el guesthouse, era enfermera en Hanoi y trabajaba intentando cargarse a los mosquitos que transmiten la malaria), y flipaba. Llegaron los chupitos de licor de arroz. Había una señora que me fascinaba: bebía uno tras otro con un grupo de hombres y, tras cada chupito, se estrechaban las manos. No llegué a contar el número de veces que se encantaron de conocerse.

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Mai Chau: como en casa

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Como decía, pasé un par de días en Hanoi (de los que hablaré en próximos post) antes de hacer mi última incursión en el mundo rural en Vietnam: la zona de Mai Chau. La llaman “La pequeña Sapa” así que no sabía si era necesario ir, pero acabé haciéndolo, y no me arrepiento para nada. De hecho, lo disfruté mucho más que Sapa.

Mai Chau está situado en un idílico valle, lleno de arrozales. Su primera visión desde arriba del monte es espectacular. Normalmente, la gente se aloja en casas familiares en los pueblos aledaños, las cuales se sostienen sobre palafitos de madera, pero casi siempre el colchón va a ser un duro futón en el suelo. Me arriesgué a quedarme en un hotel, sin saber que sí, tendría una cama normal, pero el colchón era más duro que una piedra. Uno de los más duros en los que he dormido en el país. Dormiría fatal aquellos días.

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El increíble loop de Ha Giang

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Sí, estaba asqueada del viaje en autobús local cuando llegamos a Ha Giang. Me alojé en una guesthouse que tenía un restaurante vegetariano y de té, donde había una voluntaria alemana trabajando. La dueña, Tao, no estaba, así que el restaurante ese día nanay, pero cuando dije que estaba buscando a alguien que me llevase a hacer el loop del norte en coche, la contactamos y ella me envió a un conductor en menos que cantaba un gallo para que hablase conmigo sobre el itinerario. Aún así, el precio me parecía bastante caro, y salí a la calle a investigar. Pregunté en un par de sitios, donde casi nadie hablaba inglés y los precios eran aún más elevados, así que llamé por teléfono a una agencia que encontré en un blog, Mr. Hung, y me dijeron que vendrían a por mí para llevarme a su oficina a hablar del tema. Estaba a la puerta de otro guesthouse donde había preguntado, y el recepcionista me dijo: “Oye, hay un chico que quizá esté interesado en hacer el loop también”. Pero se estaba duchando, y ya venían a recogerme, así que le di mi teléfono al recepcionista y le pedí que me escribieran si el chico quería compartir coche. Lo había visto de refilón, un chaval joven, así que podía ser una buena opción.

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Bac Ha y los Flower Hmong

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Me dirigía hacia Bac Ha, un lugar en la montaña, famoso por su mercado dominical, el cual hacía las veces de lugar de reuniones de los Flower Hmong, otra minoría étnica. Era sábado, así que llegaría a tiempo para tal evento. Seguir leyendo

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Crónicas de Sapa

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Así que empezó nuestro paseo con la hermana joven caminando frente a nosotras. Ya de entrada no la vimos muy dicharachera, más bien callada. Pero de repente, ya no estábamos solas con ella: dos sonrientes vendedoras, también Hmong, nos dijeron que iban a seguirnos hasta su pueblo, vamos, que iban a caminar con nosotras y luego, “si eso”, les comprábamos algo. Llevaban grandes cestas a la espalda, con la mercancía. Vestían de la manera típica, con las faldas de colores, los pendientes de aro grandes y los pañuelos de cuadros a la cabeza. Éstas sí eran “Mamas”: Mama Sa y Mama Qu. Decían rondar los cuarenta años, pero aparentaban más, honestamente.
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El recibimiento en Sapa

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¡Qué bonito era mirar por la ventana del autobús, camino a Sapa! Cuanto más al norte íbamos, más montañoso se ponía, y más interesante, qué pinta más bue… esto… vaya, ¡pero si no se ve nada! De pronto, el paisaje era blanco tupido: una densísima niebla se había apoderado de las montañas y el valle. Y cuando digo apoderado, digo que del valle no se veía más que el primer árbol más cercano a la carretera. Un telón blanco era todo lo que podíamos admirar. Así que de esta manera llegamos a Sapa. Seguir leyendo

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Cat Ba (Halong bay): islas como setas

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Bueno, ya habíamos visto la Halong Bay de tierra, así que… ¿qué mejor que ver la original? Supongo que todo el que haya oído hablar de Vietnam tiene la imagen de postal por antonomasia de un barco pasando entre unas montañas-islote kársticas impresionantes. Pues ahí fuimos. Pero no a Halong. Estela y yo preferimos vivir la experiencia desde la isla de Cat Ba, que es lo mismo que Halong pero ahorrándonos una ciudad horripilante y hordas de turistas. Y en vez de ir de norte a sur, el barco te lleva de sur a norte, desde la bahía de Lan Ha a la de Ha Long. ¿Quieres más? Pues sí, encima es más barato.

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Encuentros en Ninh Binh

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En Vietnam cuentan con líneas de trenes que surcan el país, en muchos de los cuales se puede dormir en posición horizontal. Y es el medio de transporte que elegí para ir a Ninh Binh, para variar, por descubrir cómo era. Aquel coche-cama no era demasiado incómodo, a pesar de las toses que hacen eco por los vagones, que son ya un clásico en los medios de locomoción vietnamitas.

Llegué a Ninh Binh a las 3 de la mañana. Me esperaban. La neblina de la noche, en total silencio, me acompañó hasta la puerta del hotel. Cerrado a cal y canto. El timbre no emitía ni el más mínimo quejido. Cogí el teléfono: “Siento despertarte… Diles que abran la puerta, por favor. ¡Que ya estoy aquí!”. Seguir leyendo

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