Crónicas de Sapa

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Así que empezó nuestro paseo con la hermana joven caminando frente a nosotras. Ya de entrada no la vimos muy dicharachera, más bien callada. Pero de repente, ya no estábamos solas con ella: dos sonrientes vendedoras, también Hmong, nos dijeron que iban a seguirnos hasta su pueblo, vamos, que iban a caminar con nosotras y luego, “si eso”, les comprábamos algo. Llevaban grandes cestas a la espalda, con la mercancía. Vestían de la manera típica, con las faldas de colores, los pendientes de aro grandes y los pañuelos de cuadros a la cabeza. Éstas sí eran “Mamas”: Mama Sa y Mama Qu. Decían rondar los cuarenta años, pero aparentaban más, honestamente.
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El recibimiento en Sapa

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¡Qué bonito era mirar por la ventana del autobús, camino a Sapa! Cuanto más al norte íbamos, más montañoso se ponía, y más interesante, qué pinta más bue… esto… vaya, ¡pero si no se ve nada! De pronto, el paisaje era blanco tupido: una densísima niebla se había apoderado de las montañas y el valle. Y cuando digo apoderado, digo que del valle no se veía más que el primer árbol más cercano a la carretera. Un telón blanco era todo lo que podíamos admirar. Así que de esta manera llegamos a Sapa. Seguir leyendo

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Cat Ba (Halong bay): islas como setas

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Bueno, ya habíamos visto la Halong Bay de tierra, así que… ¿qué mejor que ver la original? Supongo que todo el que haya oído hablar de Vietnam tiene la imagen de postal por antonomasia de un barco pasando entre unas montañas-islote kársticas impresionantes. Pues ahí fuimos. Pero no a Halong. Estela y yo preferimos vivir la experiencia desde la isla de Cat Ba, que es lo mismo que Halong pero ahorrándonos una ciudad horripilante y hordas de turistas. Y en vez de ir de norte a sur, el barco te lleva de sur a norte, desde la bahía de Lan Ha a la de Ha Long. ¿Quieres más? Pues sí, encima es más barato.

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Encuentros en Ninh Binh

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En Vietnam cuentan con líneas de trenes que surcan el país, en muchos de los cuales se puede dormir en posición horizontal. Y es el medio de transporte que elegí para ir a Ninh Binh, para variar, por descubrir cómo era. Aquel coche-cama no era demasiado incómodo, a pesar de las toses que hacen eco por los vagones, que son ya un clásico en los medios de locomoción vietnamitas.

Llegué a Ninh Binh a las 3 de la mañana. Me esperaban. La neblina de la noche, en total silencio, me acompañó hasta la puerta del hotel. Cerrado a cal y canto. El timbre no emitía ni el más mínimo quejido. Cogí el teléfono: “Siento despertarte… Diles que abran la puerta, por favor. ¡Que ya estoy aquí!”. Seguir leyendo

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Phong Nha y sus cuevas

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Phong Nha es un precioso Parque Nacional que alberga las montañas kársticas más antiguas de Vietnam y, a su vez, un suelo tan maravilloso que contiene unas 300 cuevas de las cuales sólo han sido exploradas 20. Y, fijáos, entre ellas se encuentra la más grande del mundo, Hang Son Doong, que cuesta la friolera de 3000 dólares visitarla, durmiendo dentro y todo.

Yo, que ahora mismo estoy sin limusina y sin eunuco que me abanique, decidí tirar por algo más asequible y visitar las cuevas al uso: la Paradise Cave y la Phong Nha Cave. Eso sí, me llevaron en grupo. Primero pasando por el Jardín Botánico y su cascada. La primera cueva fue la del Paraíso, para la cual hay que subir un monte empinado hasta llegar a la entrada. Fue realmente impresionante, y eso que he visto ya varias cuevas preciosas en mi vida, sin desmerecer la del Drach en Mallorca. ¡Pero la Paradise es una joya! Y saber que estás sólo en la punta del iceberg de todo el entramado de cuevas que hay ahí dentro es una idea abrumadora. Seguir leyendo

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Hué: estudiantes, palacios y tumbas

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Hué no es una ciudad bonita, pero contiene otra dentro de sí, y ésta es una antigua ciudad imperial que iba a visitar al día siguiente de mi llegada.
Aquella tarde la utilicé simplemente para darme un paseíto, de tranquis. Blair me dijo que se había encontrado a un barquero de los que te llevan a dar un garbeo río abajo que le decía que quería practicar inglés con él y que le iba a llevar de paseo (¿queréis saber el final de la historia? No le llevó a ningún sitio pero Blair acabó pagando la comida de toda su familia, y le dijo que se vieran al día siguiente para que cocinasen para él en su casa, pero Blair estaba seguro de que le iban a llevar a un restaurante y hacerle pagar de nuevo, así que no fue).
Poco sabía yo en aquel momento que media hora después, en el mismo paseo junto al río se me iba a acercar un grupo de estudiantes universitarios a decirme: “¿Podemos por favor hablar un rato contigo en inglés?”. ¡Pues por supuesto que sí! Seguir leyendo

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Hoi An (2): linternas y primeros clientes

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Mis días en Hoi An fueron tranquilos porque estuve enferma, así que decidí quedarme un poco más de tiempo y tomármelo con calma. Al día siguiente ya no tenía fiebre pero estaba con la cabeza embotada y, a pesar de haberme alquilado una bici, no pasé de las cuatro calles aldeañas y de pronto me encontré con Emil y su amigo, lo cual fue muy conveniente para sentarse a tomar un café. Blair me llamó y se unió. Lo que yo decía: como si tuviera amigos de toda la vida, en Hoi An.
Las otras cosas que vi de aquel lugar fueron: la playa y por fin conseguí darme una vuelta en bici por los alrededores, el campo, otras penínsulas que rodean la ciudad. A pesar de estar en aquel lugar plagado de turistas, me sentía muy tranquila, juntándome con Blair, comiendo en el mercado, y regateando la compra de la típica lámpara. Seguir leyendo

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De mi llegada a Hoi An

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Los autobuses de Vietnam que llaman “sleepers” son cómodos para viajar por el día, si es que te entran las piernas en el cubículo. Olvídate de mover los pies, eso sí. Pero pretender dormir en ellos es una pesadilla que viví durante 10 horas camino de Hoi An. Aquel bus nocturno terminaba en la gran ciudad más cercana: Danang. Después de esa noche de duermevela, me di cuenta de que llevábamos mucho tiempo parados y ya amanecía, y de que no había más que dos personas en el autobús, roncando. Resultado: no me habían avisado y allí seguía, porque pensaban que quería ir a Hoi An y esperar en el autobús unas horitas, durmiendo. Así que me sacudí y salí de allí como una zombi porque quería echarle un vistazo a Danang antes, ya que estaba.
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Las minorías étnicas de Kontum

847D312C-2505-4795-8826-37863A3434E7¿Y cómo subo yo ahora al norte del país, desde Dalat? No yendo en moto, deseché todas las paradas intermedias de las Central Highlands, así como ir al típico destino de costa, Nha Trang, que debe ser el lugar de fiesta y guiris por antonomasia. Así que decidí que iba a hacer un poco de playa y un poco de Central Highlands para quedarme a gusto. Tiré hacia Quy Nhonh, que es un lugar cero turístico pero con una enorme playa a lo largo de toda la ciudad.

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Dalat y la hez de comadreja que te deja K’Ho

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Llegué a Dalat estando ya oscuro. Y no empecé con buen pie: cuando cogí un taxi, vi que no estaba yendo precisamente por la ruta más derecha a mi hostal. Decírselo supuso un cisma, ya que no hablaba inglés y creo que tampoco se apañaba muy bien con el mapa online que yo le señalaba, insistente. Llegó hasta tal punto la barrera comunicativa, que acabó con mi paciencia y me bajé del coche, dispuesta a discutir otro precio pero con mis cosas en la calle. Y él, enfadadísimo, llamó a alguien por teléfono al que yo le dije que no iba a pagar por andar bordeando la ciudad. Si esto hubiera sucedido donde tuviésemos un lugar común de entendimiento, le habría pagado menos y santas pascuas. Pero aquí acabó derrotado de malas maneras, tristemente, y no le pagué un céntimo. De todas formas, me había acercado al centro de la ciudad, así que esta vez un mototaxi sí que acudió a mi llamada con la aplicación de “Grab” (la recomiendo encarecidamente) y me subió al hostel por muy poco dinero.
Y cuál no sería mi sorpresa al encontrarme allí a mis conocidos de Cat Tien, ¡el neozelandés Blair con el alicantino!, hospedados y compartiendo súbitamente la cena conmigo. Mira que hay alojamientos en la ciudad para haber acabado en el mismo sitio… Seguir leyendo

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